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25N en Colombia, una conmemoración urgente en un país que aún le falla a las mujeres

Cada 25 de noviembre, Colombia hace recordar que la violencia contra las mujeres no es un dato ni una cifra más, es una crisis sostenida y normalizada. En Pereira, esta fecha cobra peso porque las cifras locales siguen revelando un problema urgente.

El panorama es preocupante: según El Pereirano, en lo que va de 2025 ya han sido asesinadas 32 mujeres en Risaralda, y solo 3 de esos casos han sido tipificados como feminicidios por la Fiscalía. Este subregistro no es menor: si no se reconoce la violencia como feminicidio, muchas muertes de mujeres quedan invisibilizadas como “asesinatos comunes”.


A esto se suma la violencia más íntima: de acuerdo con el foro Mujeres Reales por la Vida liderado por la Personería de Pereira, para 2025 ya se denunciaron 943 casos de violencia intrafamiliar, la mayoría contra mujeres.  Este dato revela que muchas mujeres viven en riesgo constante, no solo por homicidios, sino por agresiones en sus espacios más cercanos.


El contexto general de violencia en Pereira también empeora. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2025, la ciudad reportó 90 muertes violentas, de las cuales 57 fueron homicidios. Este aumento significa más riesgo para toda la población, y para las mujeres puede traducirse en inseguridad cotidiana, en hogares vulnerables y en rutas de atención que aún no son claras ni efectivas para todos.


Además, el departamento de Risaralda experimenta un crecimiento masivo de homicidios: según El Pereirano, estos han subido un 69 % en 2025 en comparación con el año anterior. Este escenario criminal no solo habla de violencia general, sino también de un contexto en el que las mujeres pueden ser víctimas directas de esa ola de crimen.


Aunque no se reportan con frecuencia actos transfóbicos específicos en Pereira recientemente, la violencia hacia personas trans es parte de la realidad nacional. Este componente también resulta relevante en la reflexión del 25N, porque la lucha contra la violencia de género debe incluir todas las identidades.


Por eso, la conmemoración del 25N no puede quedarse en lo simbólico. No basta con marchas o discursos, se necesitan garantías. Las instituciones locales, públicas y hasta privadas deben asumir el reto con políticas preventivas, con rutas de atención que funcionen y con un compromiso real para reconocer la violencia por razón de género. Las organizaciones de mujeres y las comunidades ya están haciendo su parte, pero necesitan un Estado que no solo escuche, sino actúe.


Este 25N no se piden flores, ni velas, no es algo para celebrar, se pide que los números se tomen en serio, que las víctimas no sean solo estadísticas y que cada caso cuente como una vida que merece protección, justicia y dignidad.

 
 
 

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